Hay festivales que programan conciertos. Y luego está Sonorama Ribera, que cada agosto parece programar una forma distinta de entender la vida.
Del 5 al 9 de agosto de 2026, Aranda de Duero volverá a transformarse en ese lugar donde la música no se concentra en los escenarios, sino que se expande por las calles, las plazas y los espacios cotidianos que el festival convierte, año tras año, en parte del relato. La 29ª edición llega con esa mezcla tan reconocible de continuidad y vértigo: todo cambia, pero nada deja de ser Sonorama.
Este año, el festival vuelve a construir un cartel que no se limita a reunir nombres, sino que articula generaciones y sensibilidades distintas dentro del mismo pulso. Estarán Leiva, Love of Lesbian, Guitarricadelafuente, Iván Ferreiro o Rigoberta Bandini, junto a una nueva generación que ya no es promesa sino presente, con propuestas como Niña Polaca, Rusowsky, Vera Fauna, Colectivo da Silva, Marlena u Oslo Ovnies, entre otros.

Pero Sonorama Ribera no se entiende solo en agosto. Es un proyecto que se filtra durante todo el año, que se expande y que insiste en seguir construyéndose fuera del calendario habitual de festivales. En los últimos meses ha llevado a cabo una gira de presentación en cuatro ciudades, reforzando esa idea de que el festival no empieza cuando se abren las puertas, sino mucho antes. También ha recuperado “Sonorama también se escribe”, un espacio que regresa a Madrid con sesiones en el Café Pavón junto a la Escuela de Escritores y Fernando Navarro, donde el festival se desplaza hacia el relato, la memoria y la conversación.

En paralelo, Sonorama Ribera ha vuelto a situarse en el epicentro de la música ibérica tras su reconocimiento en los Iberian Festival Awards 2026, donde ha sido nominado en categorías como Mejor Festival de Gran Formato, Mejor Promoción Turística y Mejor Actuación en Vivo por el directo de Arde Bogotá, una de las actuaciones más destacadas de la última edición del festival. Las nominaciones refuerzan su posición como uno de los grandes eventos musicales de la península, tanto por su capacidad de convocatoria como por su impacto cultural y territorial, con Aranda de Duero como eje central de su identidad.

Entre las historias que ya empiezan a definir esta edición aparece la de Oslo Ovnies, que ha convertido su relación con el festival en algo que trasciende lo musical: desde una operación a corazón abierto hasta correr más de 200 kilómetros para poder llegar a tocar en Sonorama Ribera, en una de esas hazañas que solo tienen sentido dentro de este tipo de universos.
El festival también refuerza una de sus señas de identidad más claras: la capacidad de convivir con escenas que, en otros contextos, rara vez comparten espacio. En el mismo cartel donde aparecen algunos de los nombres más reconocibles del pop y el indie español, se cuelan proyectos como RVFV o Dollar Selmouni, que desplazan el foco hacia otros lenguajes urbanos y contemporáneos. No se trata tanto de “mezclar géneros” como de asumir que la música actual ya no funciona en compartimentos estancos. Sonorama Ribera vuelve a insistir en esa idea: que un festival puede ser un punto de encuentro donde distintas escenas no solo coexisten, sino que se reconocen entre sí dentro del mismo espacio.
A su vez, el festival refuerza una de sus señas de identidad más sólidas: su programa de accesibilidad e inclusión, que sigue ampliándose con recursos específicos para personas con distintas necesidades físicas, sensoriales o cognitivas, desde zonas adaptadas, pasando por un Punto de Accesibilidad, hasta sistemas de apoyo durante los conciertos. Una apuesta que no se presenta como añadido, sino como parte estructural de lo que Sonorama quiere ser y que empieza antes del propio festival. Las personas que lo necesiten podrán apuntarse al programa a través de un formulario en la Web del Sonorama.
También resaltar que han recuperado recientemente su actividad en el entorno digital tras la desactivación sin previo aviso de su cuenta principal de Instagram. La organización ha confirmado que desconoce los motivos del fallo en la plataforma. Durante ese periodo, el festival mantuvo su comunicación a través de canales alternativos, asegurando la continuidad del contacto con su público.
Sonorama Ribera no es solo un cartel ni una semana de agosto: es la insistencia de que la música todavía puede ser un lugar común.

